
Foto:Esparta
Si viajamos a una ciudad para admirar sus monumentos ¿Por qué no podemos viajar también para admirar su tradición pastelera? Si en líneas generales a nadie le amarga un dulce degustarlo en un lugar hecho a base de sueños y sensaciones como es Córdoba será aún más irresistible.
La riqueza de la tradición pastelera de los cordobeses se debe en parte a su herencia árabe. Los dulces con sabor andalusí hacen las delicias de cuántos pasean por las calles de la ciudad y deciden hacer una parada en su camino para llenar el estomago y reponer fuerzas con uno de estos pasteles totalmente artesanales.
Los más famosos de la extensa gama son los alfajores, los pestiños y, por supuesto, el pastél cordobés. Los dos primeros tienen su propia época de degustación. Los alfajores se elaboran en Navidad y los pestiños en Semana Santa.
Las confiterías de la ciudad están repletas de ellos además de otras piezas dulceras exquisitas como los cortadillos de cidra, las alegrías, las torrijas o los tocinitos de cielo. Todos estos dulces conservan el encanto de lo clásico ya que han ido triunfando generación tras generación. Un viaje a Córdoba es aún más inolvidable si nos llevamos para casa un pedacito de su histórica dulcería.
El pastel cordobés, que puede adquirirse en cualquier época del año y en muchos establecimientos es el más demandado por los turistas. Podría decirse que es el dulce cordobés por excelencia. Se trata de un dulce en forma circular y con bordes trenzados hecho a base de un delicioso hojaldre relleno de cabello de ángel o cidra confitada y cubierto de canela y azúcar.
Famosos son también los dulces del obrador de las monjas Clarisas de Santa Isabel de los ángeles, último reducto de una larga herencia de pastelerías en los conventos cordobeses que, por desgracia, se está perdiendo.
En los pueblos de Córdoba también pueden encontrarse confiterías y establecimientos artesanales dedicados a la pastelería. Si viajas, por ejemplo, a Puente Genil no podrás dejar de probar su producto más genuino: el dulce o carne de membrillo. Prueba a combinarlo con queso fresco y te encantará. Sorprende darse cuenta de la cantidad de viajeros que disfrutan recorriendo el lado más dulce de las ciudades. Si eres uno de ellos ¡Feliz bocado! Y hasta próximas rutas pasteleras.



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