Los enamorados suelen tener las ansias de demostrar sus sentimientos en cada ocasión que se les presente, una de ellas es la de San Valentín, donde armados de chocolates, peluches y flores buscan hacerle saber a su amada o amado el afecto que siente.

La vista moderna de una ciudad con historia
Mientras que otros más osados encuentran en esta fecha, regalarse un viaje a un destino de ensueño y que tenga tintes románticos, con el fin de disfrutar de veladas inolvidables en un entorno ideal y extraordinario por belleza y encanto.
Uno de estos lugares que son muy elegidos para una escapada romántica de San Valentín, es la pintoresca ciudad de Cartagena de Indias, la cual es una muestra de historia, leyendas y tradiciones donde sus costas se ven bañadas por las transparentes aguas del Caribe.
Un viaje hasta aquí, significa disfrutar del notable conjunto arquitectónico que aquí se conserva como tesoro preciado, la belleza de sus callejuelas ancestrales por donde caminaron antiguos amores ya extintos y que vuelven al presente en los pasos de las parejas enamoradas que se asombran con las bondades de esta tierra.
Tierra que sirvió en mil oportunidades de inspiración de poemas enamorados y de los que solo quedan leyendas. De relatos novelescos y de biografías trasnochadas, después de largas noches de diversión en los múltiples bares costeños.

Sus ntiguas callejuelas son la muestra de una historia antigua
Donde es posible recorrer el antiguo mercado de esclavos, hoy convertido en el portal de los dulces, donde vendedores y artesanos ofrecen sus dulces caseros bajo las edificaciones de múltiples colores, que hacen alejas la triste historia del lugar, convirtiéndolo en un bello paseo.
Desde ahí como por arte de magia, se abren los caminos para recorrer el corralito de piedra, como le dicen los lugareños a este sector de la costa donde cada casa esboza en su fachada su descendencia de joya colonial.
Donde cada calle y callejuela adopta nombres poéticos como “calle de la soledad” o “del candilejo” y que caprichosamente cambia de nombre en cada esquina.
Donde los enamorados disfrutaran del toque colorido de las palanqueras, ofreciendo frutas tropicales que cargan en cestas sobre su cabeza. Que pueden combinar con las visitas a lugares históricos con paseos a las islas, que parten desde el muelle de los Pegasos.
Y antes que el idilio romántico llegue a su fin que mejor que despedirse con un paseo por las extensas murallas, donde se cansaran las piernas por escalones y rampas para tener una vista diferente de la ciudad antigua. Disfrutando de sentarse entre cañones y baluartes y contemplar de los colores que dibuja el atardecer sobre el mar.
Fotografias Flickr



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