A pocos kilómetros de la costa sur europea, aparece Túnez, ubicado al norte de la costa mediterránea de África. Casi la mitad del país está compuesto por el desierto del Sahara, y limita con Argelia y con Libia.

Playa de Monastir, en Túnez
Sus paisajes son tan antagónicos, que mientras que al sur se extiende el famoso desierto, en el norte aparecen bosques de pinos y prados verdes perfectos para el cultivo y la ganadería. A demás tiene una línea costera de más de mil kilómetros de extensión, plagada de pequeñas islas y playas ideales para el verano.
Culturalmente, Túnez posee tras tantos años de vida, una rica historia de la cual fueron protagonistas pueblos como los fenicios, judíos, árabes y romanos, que se establecieron en su territorio. Tiempo después se le sumaron los musulmanes y los turcos otomanos.
Todo esto generó una mezcla en su cultura que hizo de Túnez un territorio cosmopolita, de lo más heterogéneo. Hoy es, quizás junto a Marruecos, el país más “europeizado” de África. Por eso su oferta turística atrae visitantes de todo el mundo, ya que se trata de un lugar más liberal en cuanto a sus costumbres. Un ejemplo de esto es que la práctica del Islam parte de la fe religiosa, y no de una imposición.



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