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La Cueva de las Manos, un arte que se disfruta

Pinturas rupestres como legado del más atrás
Por Juan Luis Pérez, en 10 de Agosto de 2009

Bello sería poder descifrar con claridad los mensajes de aquellos antepasados, impresos en las rocas.

El ingreso a la Cueva de las Manos

El ingreso a la Cueva de las Manos

Sin embargo, sólo basta con saber que algo querían decir, que a alguien querían llegar y que esos dibujos se perpetúan a pesar del paso del tiempo, y a merced de la peligrosa mano del hombre.

La Cueva de las Manos es, además de una reserva arqueológica y de un gran baluarte cultural, un potente regocijo para el alma.

Nos referimos a una cueva de piedra, ubicada en el cañadón del Río Pinturas, al oeste de la provincia de Santa Cruz, en la Patagonia Argentina.

Para llegar a esta muestra pintoresca, reservada para dar cuenta de una vida anterior, hay que bajar hasta lo más bajo del mapa argentino, región en donde el frío acecha pero también región en donde es posible toparse con los paisajes más maravillosos.

Arte rupestre en la Cueva de las Manos

Arte rupestre en la Cueva de las Manos

Arte rupestre es la denominación que le han dado a esta modalidad hermosa de impregnar para siempre sus condiciones de vida, sus tradiciones, su forma de relacionarse.

Manos pintadas una al lado de la otra, manadas de guanacos, la figura de los cazadores, humanos en movimiento y círculos concéntricos son algunos de los dibujos que se pueden reconocer impresos en las paredes rocosas.

De hecho, de acuerdo a su antigüedad – se calcula que los dibujos fueron realizados desde el año 7350 a. C- , la UNESCO le ha concedido la insignia de Patrimonio de la Humanidad, por ser considerada una de las expresiones más importantes de los antiguos pueblos sudamericanos.

¿Cómo pensar, analíticamente, esta modalidad de imprimir un modo de vida en una cueva? Necesario es disfrutar del magnífico espectáculo que se ofrece, contextualizar este fenómeno –generado hace unos diez mil años- y protegerlo de la acción del hombre, que tiende a destruir lo que la naturaleza y otros hombres han hecho.

Para llegar hasta el cañadón del Río Pinturas, es necesario recorrer 163 kilómetros desde la localidad de Perito Moreno, en Santa Cruz.

Allí, en un espacio casi desértico, se concentra esta insignia cultural que se puede disfrutar de un modo intimista, prácticamente a solas, disfrutando del correr del río y el ruido del viento furioso.

La cueva tiene 24 metros de profundidad, 15 de ancho en la entrada y unos 10 metros de altura. La paleta de colores, presente en los dibujos, contempla desde el rojo, pasando por el ocre, el verde, el blanco, el amarillo y el negro.

Muchas de esas imágenes – como la de la manada de guanacos y el cazador, dado que esa era su forma de subsistencia- pueden comprenderse; otras tal vez no. Sin embargo, siempre se ha dicho que el arte se disfruta y no se entiende, y disfrutar es lo que se debe hacer allí.

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