Una tierra de oro y ocre
Los tranvías, la Baixa y los pasteles de Balem pueden reconocerse como los ingredientes principales de la receta de Lisboa.

Vista panorámica de la ciudad de Lisboa
Y no porque éstos sean sus elementos más simbólicos, pero tal vez sean parte de los recuerdos impregnados en la memoria, luego de una visista a dicha ciudad.
Lisboa es la capital y mayor ciudad de Portugal y está situada en la desembocadura del río Tajo. Además es considerada el centro turístico nacional, de acuerdo a su magia, su encanto y su historia.
Se podría alistar en el rango de ciudades, en la que los viajeros tienen la posibilidad de inmiscuirse y absorber una cultura distinta y tradicional; un sitio en el que es posible conocer rincones maravillosos, que puede que nunca se vayan a olvidar.
Por eso, la mayoría de los turistas que conocen Lisboa deciden volver en otra oportunidad, conmovidos por el embrujo de esta ciudad.

Antiguos tranvías en las calles de Lisboa
Muchos se refieren al color de la ciudad, asentando que el oro y el ocre se mezclan a cada paso, generando, a los ojos del visitante, un brillo especial, un brillo propio de esta ciudad.
Sin embargo, esta paleta de colores no es azarosa; sólo basta conocer la esencia de sus calles, para entender que en Lisboa existe el predominio de lo antiguo, de lo colonial, de los versos de los poetas más reconocidos.
Esta combinación de color, brillo, culto por el pasado y homenaje a sus hijos más pródigos pareciera ser el costado más optimista de la ciudad, aquel que llama, poderosamente, la atención del turismo.
Y luego empiezan sus paseos más codiciados. Cabe decir que en esta tierra, bañada por el río Tajo, se puede optar por recorrer la zona céntrica o bien bucear por los alrededores.
En el perímetro del centro pueden hallarse múltiples referencias a la vieja metrópoli, turistas ocupando todos los accesos, viejos tranvías circulando y gran cantidad de cafés; en estos bares es posible disfrutar alguno de los típicos y exquisitos pasteles locales.
Allí, en la Baixa, es posible desarrollar una gran vocación comercial al amparo de las tiendas apostadas. Por otra parte, se puede subir a algunos de los miradores para tener una vista panorámica de la ciudad, mezcla de almendras, mar y pasado.
Asimismo, es posible evitar el centro, a los fines de desandar un camino por los alrededores de Lisboa.
Así llegamos al final de este pantallazo fugaz, en el que intentamos describir una efímera porción de una maravillosa ciudad.
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